El espacio y tiempo por el que me muevo cada día
sigue poniendo una cuota de ti en mis pasos,
quizás no siempre, pero de vez en cuando
deja ver un destello de ti...
Palabras de algún diálogo que sostuvimos en el tiempo,
son ahora una canción, sin título.
Unos besos de más, un abrazo incompleto, un te amo
sombrío y susurrado, una mirada al vacío,
todo esto como parte de una escena en cámara lenta,
con tonalidades grises, como la ciudad de cemento
que por estos días te cobija y consume.
La idea superior de trascender, de encontrar la iluminación
el satori, el nirvana, experimentar por un segundo
el estado superior denominado por los sabios como
estado de no mente...
eso busco, sí, lo anhelo.
Quiero desprenderme de tantas cosas,
necesito dejar en calma mi mente, en armonía,
quizás escapar, de todo, de todos, hasta de mi.
Mi corazón es un trapo sucio y roto, es un harapo,
un pedazo de lo que fue anteriormente cuando aún
no se desmoronaba, por estos días da un poco de pena.
Un lamento constante resuena a mi alrededor,
como una melodía triste que logra su objetivo
trayendo a mi cabeza recuerdos que había dejado ocultos
por temor a revivir dolores profundos
que marcaron mi vida con desilusiones.
Es bueno decir esto de vez en cuando,
puedo experimentar una sensación de escape...
al menos con palabras.